El proyecto, iniciado hace una década, ha transformando los cuidados en centros de mayores de Navarra.
Un avance pionero antes de la nueva normativa
Lares ha conseguido este avance antes de que entre en vigor la normativa estatal que obliga a todos los centros a implantar un plan específico para reducir y eliminar el uso de sujeciones físicas.

Un logro que parecía imposible
En un avance muy significativo para el sector geriátrico español, Lares ha conseguido lo que hace diez años parecía imposible: eliminar completamente el uso de sujeciones físicas en más de treinta centros de mayores. Este logro ha sido posible gracias a un proceso cuidadosamente diseñado e implementado, en el que han resultado determinantes la formación y concienciación de los trabajadores, el apoyo de las familias y la adaptación de los entornos donde los mayores desarrollan su vida cotidiana.
Preparados para un cambio histórico
Casi de manera simbólica, los centros de Lares Navarra logran cumplir este objetivo justo cuando la Comunidad Foral se prepara para implementar la normativa estatal que contempla la supresión total y segura de las sujeciones, permitiendo su uso únicamente de manera excepcional y debidamente justificada a partir del 30 de junio de 2025. Para las personas que trabajan en Lares, sin embargo, este momento es especialmente feliz porque no solo han demostrado que el cambio por el que apostaron hace diez años es posible, sino que, además, han establecido un modelo de referencia para una atención geriátrica verdaderamente centrada en la persona, fácilmente replicable en cualquier centro.

Una revolución silenciosa en los cuidados geriátricos
El proyecto iniciado por Lares en 2014 representó un auténtico cambio de paradigma. En aquel momento las sujeciones eran consideradas «necesarias» en el 82% de las residencias españolas (según datos del IMSERSO), y no se solía cuestionar su bondad. Tal y como recuerda una de las profesionales, «al principio encontramos escepticismo. Muchos compañeros creían que eliminar sujeciones comprometería la seguridad tanto de los residentes como de sus cuidadores”. Esta misma trabajadora subraya que, una década después, los datos son “contundentes” y demuestran lo contrario: “menos caídas, menor uso de psicofármacos y una mejora notable en la calidad de vida».
Cuatro pasos que tienen premio
Los profesionales subrayan que este trabajo que comenzó hace una década se diseñó pensando en que las sujeciones pueden ser inhumanas y afectan sin lugar a dudas a la dignidad de la persona que las padece. Restringir la libertad de movimiento, además, genera estrés, frustración y parecía un factor claro a la hora de determinar los elementos que llevaban a un deterioro de la condición física y mental. Frente a esta situación, parecía evidente que debían existir alternativas mucho más empáticas y respetuosas.
A partir de estos principios, en Lares diseñaron un programa basado en cuatro puntos clave: la formación especializada, en la que se han invertido más de 5.000 horas de capacitación en Atención Centrada en la Persona y en técnicas alternativas; el rediseño de los entornos para adaptar el espacio a las personas y garantizar su seguridad sin restricciones; un programa de apoyo continuo desarrollado por equipos multidisciplinares de acompañamiento para los centros en transición; y un sistema de evaluación que permitiera consolidar los logros y corregir los errores.


Un sistema de evaluación por colores
El sistema de evaluación se ha implementado con un innovador modelo de reconocimientos por colores, que califica a los distintos centros según el punto en el que se encuentran dentro del proceso.
Así, el nivel inicial viene determinado por el distintivo rojo, un distintivo que en el año 2024 ya habían superado todos los centros de Lares. El siguiente nivel es el amarillo, en el que se está desarrollando una reducción activa de las sujeciones. Siete centros de Lares cuentan con este distintivo.
Los centros que recientemente han alcanzado el nivel “libre de sujeciones” —seis centros de la Comunidad Foral— lucen el emblema verde. Se usa el distintivo azul en aquellos centros —13 en la actualidad— en los que llevan más de un año sin sujeciones, y se cierra el ranking con el distintivo naranja, que desde este año lucen siete centros en Navarra y que certifica que llevan más de cinco años sin sujeciones.
Un compromiso ético y sostenible
Segun una técnica de un centro, «estos distintivos no son premios, sino testigos de un compromiso ético» y la prueba de que es posible desarrollar este tipo de atención de una manera sostenible en el tiempo. Pensar en la persona, ponerla en el centro de la atención geriátrica con toda su dignidad, ha permitido cambiar la mentalidad respecto a las sujeciones que, a todas vistas, dejan de ser necesarias para convertirse en el último recurso. La experiencia demuestra también que, en todos los casos, la situación emocional y vital de los residentes mejora de manera directa cuando se procede a la supresión de las sujeciones. Un hecho que resume perfectamente esta frase: «Mi madre recuperó su sonrisa cuando dejaron de atarla”. Es el testimonio de un familiar, quien añade: “ahora participa en actividades, camina con apoyo… Es otra persona».