Una oportunidad única de aprendizaje en el ámbito rural
Victoria García-Rosado es estudiante de enfermería y recientemente ha realizado sus prácticas académicas externas en la Residencia Betania de Muruzábal. Esta oportunidad surgió gracias al programa de Revitalización del Patrimonio Rural que conoció en la universidad. Como ella misma explica:
“Me pareció muy interesante poder hacer prácticas en un entorno rural en el que no había estado antes. Además, no había tenido contacto previo con ninguna residencia, lo que me motivó todavía más.”

Una acogida que marca la diferencia
Desde su llegada, Victoria se sintió bien recibida tanto por los profesionales como por los residentes. Durante estas semanas, ha podido compartir momentos, aprender de sus compañeros y profundizar en el cuidado integral de las personas mayores:
“Mi experiencia aquí ha sido muy buena. Me llevo muchas historias y personas, especialmente a residentes con los que he compartido más tiempo y a los compañeros que se han tomado la molestia de enseñarme.”
Cristian Cárdenas Roldán, enfermero de la residencia, subraya la importancia de este perfil profesional en entornos rurales:
“El perfil de enfermería en una residencia rural es primordial, es un pilar muy importante en la casa. La empatía y la cordialidad en el trato son una de las bases del buen cuidado.”
El valor del tiempo y la cercanía
Victoria destaca que una de las principales diferencias respecto a otros ámbitos sanitarios es la dinámica de trabajo más calmada y personalizada:
“Aquí puedes centrarte en cada residente con más tiempo y tranquilidad que en un hospital. Esto permite una mayor continuidad y calidad en el cuidado.”
La atención directa, el conocimiento profundo del historial de cada persona y el trato cercano generan una relación especial. Como explica Cristian:
“En una residencia pequeña como la de Muruzábal, tienes tiempo para estar con ellos. Conoces a la perfección su historia. Podríamos decir que nos transformamos en una gran familia. En la mayoría de los casos, con una mirada sabes cómo se encuentran.”
Un aprendizaje profesional y personal
Durante su estancia, Victoria tuvo la oportunidad de enfrentarse a situaciones clínicas complejas y aprender sobre patologías crónicas, acompañamiento emocional y los retos del envejecimiento. Pero, sobre todo, destaca el impacto personal de la experiencia:
“Me llevo un aprendizaje muy importante respecto a lo que implica cumplir años y llegar a edades avanzadas. Esto me ha hecho valorar y comprender mucho más la realidad de las personas mayores.”
Además, reconoce que su visión de la enfermería ha cambiado:
“Me he dado cuenta de que la enfermería es mucho más amplia de lo que parece y que tiene múltiples caminos que no me planteaba. Mi forma de ver el papel de la enfermera en una residencia ha cambiado por completo.”
Una experiencia que recomendaría sin dudar
Victoria anima a otros estudiantes de enfermería a acercarse a este ámbito:
“Les diría que no pierdan la oportunidad de probarlo. Estar en una residencia puede aportar mucho tanto a nivel profesional como personal.”
Para quienes se plantean realizar prácticas en un centro rural, su consejo es claro:
“Deberían venir y verlo por sí mismos. Así se darían cuenta de todo lo que conlleva el trabajo en la residencia y, sobre todo, del trato con las personas mayores.”
La imagen que perdura
Si tuviera que resumir esta etapa con una imagen, Victoria lo tiene claro:
“La imagen de los residentes en el salón principal, donde pasaban parte de la mañana. Allí nos sentábamos junto a ellos para acompañarlos y compartir tiempo. Es la imagen que me vendrá a la cabeza cuando recuerde esta experiencia.”
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