A menudo la falta de información veraz, el desconocimiento y los prejuicios son los obstáculos que nos impiden disfrutar de un recurso a nuestro alcance
Elegir una residencia no supone renunciar a la calidad de vida, sino optar por un entorno seguro, socialmente enriquecedor y centrado en el bienestar integral.
En una sociedad solidaria como la nuestra, existen herramientas pensadas para que todas las personas reciban los cuidados y atención que necesitan
Cuando nos imaginamos cómo va a ser nuestra vejez o cuando tratamos de brindar la mejor atención y cuidados a nuestros mayores, pensamos que lo óptimo es una vejez tranquila, en el hogar, rodeado de aquellas personas y aquellas cosas que realmente amamos y que han formado parte de nuestra vida. Esta es la vejez deseada y cualquier otra posibilidad puede parecernos dura, deshumanizada, incluso hostil.
Cada vez menos, pero justamente esto es lo que suele ocurrir cuando pensamos en vivir en una residencia. La idea nos asusta sobre todo porque viene envuelta en formas viejas, prejuicios o informaciones falsas y tergiversadas. Es normal si pensamos en cómo se ha abordado el cuidado de los mayores de manera tradicional: el papel ‘residual’ que la sociedad confiere a la vejez y el concepto economicista -de gasto- con el que abordamos las propuestas de atención, donde el interno recibe cuidados según lo que tiene y no según lo que és: una persona.
En Lares Navarra sabemos que la decisión de elegir una residencia para un ser querido está rodeada de dudas y prejuicios. Venimos trabajando contra estas viejas formas a las que contraponemos una idea fundamental: el centro de toda atención sociosanitaria -tanto en centros de día como en residencias- es la persona. Esa persona concreta que viene a ponerse en nuestras manos con la esperanza de que le ayudemos y hagamos de esta etapa de su vida una experiencia feliz y digna de ser recordada.
A lo largo de todos estos años hemos detectado 5 mitos comunes que te podemos ayudar a desmentir con datos verificados y experiencias reales para que seas realmente libre a la hora de decidir cómo quieres vivir tu vejez.

1. Mito: En la residencia se pierde autonomía y libertad.
No es cierto. La Verdad, según viene reconociendo la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología es que los entornos diseñados para adultos mayores fomentan la toma de decisiones cotidianas (horarios, actividades, alimentación) dentro de un espacio seguro.
Podemos reconocer que en otros tiempos primaba una atención en la que lo importante era contar con una organización eficiente pensada para optimizar el servicio. Por el contrario, en la actualidad y así lo procuramos en Lares Navarra, los planes de cuidado son personalizados. En ellos se priorizan las preferencias individuales, se facilita la flexibilidad de horarios, la participación en talleres según intereses y los residentes cuentan con sus propios espacios privados.

2. Mito: Las residencias entorpecen la vida social.
Este mito también es falso tal y como vienen demostrando distintos estudios en los que se señala -por el contrario- que la vida en las residencias reduce el riesgo de depresión y deterioro cognitivo, precisamente porque en ellas los residentes encuentran un tejido social formado por afines.
Una residencia actualmente se preocupará -y así lo hacemos en Lares Navarra- por facilitar al máximo las relaciones y encuentros familiares: el residente está en su casa y en ella debe y puede convivir con su familia. Pero, al mismo tiempo, una residencia brinda otras muchas posibilidades de interacción social: ofrece espacios de terapia ocupacional, la posibilidad de practicar deportes adaptados, desarrollar talleres y espacios para actividades creativas… La residencia ofrece espacios comunes acogedores donde se facilita la interacción espontánea y, a través de programas de voluntariado y actividades de distinto orden como salidas al cine, al teatro o a charlas y exposiciones, se facilita la conexión con la comunidad natural.

3. Mito: en las residencias la alimentación es impersonal, de enfermo y de baja calidad
Obviamente estamos ante otra falsedad. Es cierto que no se puede generalizar ni una cosa ni otra, pero si acudimos a un centro como los de Lares, donde las personas nos importan por encima de todo, nos vamos a encontrar con una alimentación cuidada, saludable y adaptada a las necesidades de los personas matores.
Es habitual que en las residencias se sigan protocolos nutricionales supervisados por geriatras y nutricionistas tal y como recomienda la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, y que cuenten con menús adaptados a las necesidades específicas de cada persona.

4. Mito: una residencia es un espacio demasiado institucional donde la atención es fría y distante
Afortunadamente estamos ante otra falsedad. Es evidente que en otros tiempos se pudo dar este tipo de atención y que, de aquellas formas hasta cierto punto deshumanizadas, vienen estos prejuicios. Pero lo cierto es que todo ese paradigma cambia de manera radical cuando -como hacemos en Lares Navarra- el modelo que practicamos es el de la Atención Centrada en la Persona (ACP).
Este modelo, avalado por la OMS como estándar de calidad, se basa en el respeto a la dignidad, la historia y las elecciones individuales del residente. Si ponemos todo eso en el centro, encontramos que escuchar, ayudar y facilitar es la forma natural de la atención. Todo lo contrario a la frialdad y a la lejanía institucional.
En Lares Navarra formamos a nuestro personal en la empatía, la comunicación, y la cordialidad. Buscamos que cree una relación permanente con el residente que, cuando elige estar con nosotros, lo que debe encontrar es un hogar.

5. Mito: las residencias son caras y ofrecen poco valor
Podemos decir que una cosa es lo que cuesta -y puede ser realmente caro- y otra distinta es lo que vale o lo que va a pagar el usuario. El coste real de una residencia incluye servicios de atención integral: alojamiento, alimentación, cuidados sanitarios si se requieren, limpieza y actividades… Todo ello durante 24 horas los siete días de la semana, 52 semanas al año. Esto es lo que debemos valorar y esto puede parecer caro.
No obstante, estamos en una sociedad solidaria donde la atención a nuestros mayores no se contempla como un lujo al alcance sólo de los que pueden hacer frente a la factura sino como un derecho de las personas, un derecho que la propia sociedad debe garantizar. Fundaciones, Administraciones Públicas y organizaciones civiles y religiosas, trabajan conjuntamente para poder garantizar que todas las personas reciban los mejores cuidados posibles, independientemente de la capacidad económica que tengan.
En Navarra, por la aplicación de la Ley de Dependencia y el desarrollo normativo de nuestra comunidad, contamos con ayudas y recursos adecuados a las necesidades de las personas mayores que quieran hacer uso de servicios y recursos.
En Lares Navarra, ofrecemos asesoramiento sin coste para tramitar estas ayudas que parten de una valoración inicial que deben realizar los Servicios Sociales.
En Conclusión, podemos decir que elegir una residencia no es renunciar a la calidad de vida, sino optar por un entorno seguro, socialmente enriquecedor y centrado en el bienestar integral.
En Lares Navarra, trabajamos cada día para demostrar que la dignidad, la autonomía y la calidez humana son posibles dentro de un marco profesional y veraz.